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¿Cuidado con los creativos?
Una muy reciente investigación
publicada por la Asociación Americana de Psicología informa que "los pensadores
originales son más propensos a engañar", asociando la deshonestidad con la mayor
capacidad creativa. Ha sido un trabajo reciente de investigadores de la
Universidad de Harvard.
Los investigadores dicen: "los pensadores creativos son más propensos a engañar
a las personas menos creativas posiblemente debido a que el talento creativo
aumenta su capacidad de racionalizar sus acciones".
Dicen que dada la oportunidad de aprovecharse para obtener un beneficio mayor
siendo deshonestos, los que pueden hacerlo y tienden a hacerlo son los
individuos más creativos. Se trata de la pareja Poder+Oportunidad.
Ahora bien, el arte de lo posible, ¿es necesariamente el arte de la
deshonestidad? Porque aunque no dicen que la falta de ética es producto de la
creatividad lo insinúan muy claramente. Ubican al creativo en seguro riesgo ante
dilemas éticos.
Las conclusiones de estas investigaciones derivaron de una serie de experimentos
cuyos participantes eran previamente evaluados en capacidad creativa e
inteligencia. Se les sometía a pruebas con recompensas, las que se incrementaban
notablemente si los sujetos aprovechaban las posibilidades para hacer trampa, de
manera que sólo en caso de que el sujeto hiciera trampa podría acceder a una
recompensa mayor.
Los individuos más creativos fueron los que se tentaron a engañar. Los no
creativos no hicieron trampa. Tampoco se halló relación entre inteligencia y
deshonestidad, sólo entre creatividad y deshonestidad.
Dadas las premisas y condiciones del experimento, aunque existiera la misma
proporción de deshonestidad entre creativos y no creativos, igualmente sólo se
detectarían incursiones deshonestas en los creativos porque los deshonestos no
creativos se supone que se abstienen de intentarlo al no ocurrírseles cómo.
Existe una doble asunción oculta, que la naturaleza humana es poco ética o que
la incidencia cultural de los sistemas de valores es irrelevante.
Si se asume que la influencia formativa del valor de la honestidad disminuye
progresivamente en el contexto cultural, y que en cualquier grupo de sujetos la
incidencia de la misma es irrelevante, las conclusiones de la investigación
serían las mismas.
Como fuera, lo que se vio en estas investigaciones no sorprende demasiado. No
obstante, lo que concluyen y sugieren los investigadores no parece poco.
¿Y si primero se diera un reflejo de los sistemas de valores, de la ética
arraigada en cada individuo - no sólo de su creatividad e inteligencia - y luego
se hicieran las mismas pruebas? Hacernos esta pregunta no es necesariamente
asumir que somos honestos por naturaleza sino que tal vez existen diferentes
grados de autoconocimiento y autocontrol, algo que puede ser independiente no
sólo de la inteligencia sino también de la creatividad. Significa postular la
existencia de individuos inmunes a la decadencia de valores que tácitamente se
afirma como social y culturalmente generalizada. Hacernos esta pregunta
también es volver a interrogarnos sobre nuestras capacidades, pero intentando al
menos que sea desde una mirada más amplia, dentro de lo que sea posible, para
evitar tirar el niño junto con el agua sucia.
Patricio Jorge Vargas
Co-Fundador y Director de la Escuela Mentat de Educación Mental, entidad
educativa cuya misión es la mejora y el desarrollo de habilidades
cognitivas. Su correo es:
pvargasgil@mentat.com.ar
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Última modificación de la página:17/12/2011
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